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Perfumes de mujer: mi historia de amor y odio con las fragancias

Perfumes de mujer

Tengo una relación de amor/odio con las fragancias. ¿O realmente debería decir odio/amor? voy a tratar de explicarme: Cuando alquilo un coche durante mis vacaciones me meto en todos los modelos disponibles olfateando en busca de una pizca de humo; si estoy en un ascensor y huele a perfumes de mujer, y me gusta, busco por toda la oficina a quien lo lleva para preguntarle la marca; actúo como una vampiresa frente a una cruz cuando veo un ambientador de cartón que cuelga del espejo retrovisor de un taxi. ¿Por qué me ocurre esto? ¿Solo me ocurre a mí?

Resulta que no soy la única que se hace estas preguntas y actúa de esta forma. Cuando les pregunto a mis amigos sobre sus preferencias de fragancias, responden con disgusto y luego se entusiasman con los aromas que les encantan. Recientemente, una diseñador de Madrid primero me dijo cuánto odiaba los perfumes para acto seguido entusiasmarse hablando de los aromas de Lancome. ¡No soy la única! muchas personas también tienen una relación amor/odio con las colonias. ¿No es una contradicción? tan pronto nos quejamos de los olores fuertes como los elogiamos. Decimos odiar algo y lo primero que hacemos es correr a olfatear cada nueva fragancia que se lanza.

El poder de los perfumes de mujer

Perfume de Paco Rabanne
Perfume de Paco Rabanne

Hace poco dejé que una amiga se quedara en mi piso y su y su perfume se ha quedado impregnado en la casa durante días (y a mis hijos les encanta).

Nadie sabe exactamente cómo funciona nuestro sentido del olfato, pero la verdad es que nos bombardean los olores artificiales: la industria de las fragancias presenta alrededor de 800 fragancias nuevas cada año, sin mencionar nuestros jabones, champús, pasta de dientes, desodorante, detergente, etc. las toallitas para secadora y los limpiadores de alfombras vienen preperfumados.

Oler tiene dos componentes: el psicológico y el fisiológico.

La respuesta psicológica es lo que conocemos y amamos de las fragancias: su capacidad para evocar emociones. Debido a que nuestros receptores olfativos están conectados directamente con el sistema límbico del cerebro, que se cree que es el centro de la percepción emocional, lo primero que recordamos es la emoción, no necesariamente la circunstancia. No es ningún secreto que un olor puede devolvernos un recuerdo más vívidamente que cualquier fotografía o canción.

Una amiga me regaló agua micelar en aceite de Garnier después de que tuviera una cirugía en la mano. Cuando vuelvo a oler ese frasco no recuerdo la cirugía, recuerdo la amabilidad de mi amiga. Si queréis saber cuál es podéis encontrarla en Douglas.

Nuestras preferencias son culturales y basadas en la memoria. El aspecto fisiológico puede tener algo que ver con la irritación de las membranas mucosas de la nariz (el humo del cigarrillo suele ser el culpable) y también con lo que sucede en el cerebro. Las fragancias pueden desencadenar ciertas vías que estimulan lo que se llama el centro neurálgico de nuestros recuerdos.

Los olores que enamoran

Ahora que me he mudado a Andalucía, literalmente puedo oler las rosas. Recientemente me he enamorado de los aceites esenciales a base de sándalo. El jazmín que florece de noche me recuerda la primera vez que fui a Málaga hace años. Ahora las tengo junto a mi ordenador mientras escribo estas líneas. También recuerdo cuando probé por primera vez el perfume de mujer J’adore de Dior, fue amor a primera vista.

J'adore de Dior
J’adore de Dior

Otra fragancia que me apasiona (y que cuesta encontrar en España) es Essence of IX de Strange. El perfumista que lo creó, Alex Balahoutis, se inspiró en la enóloga de Napa, Ann Colgin. Dice que le gusta «porque es real». Balahoutis usa solo ingredientes naturales en sus aromas y es tan partidaria de lo natural y de saber de dónde provienen los ingredientes que tiene su propio destilador.

Este es el verdadero punto de discusión. Los compuestos sintéticos de las fragancias son la raíz del problema. Tiene que ver con el hecho de que cada vez más perfumes se fabrican con elementos sintéticos baratos. Es un debate que se puede leer en revistas especializadas. Algo similar a lo que pasa con la música a las mujeres cantantes famosas.

¿A favor o en contra de los perfumes de mujer sintéticos?

Algunos argumentan que las moléculas de fragancias sintéticas (derivadas de productos petroquímicos como la mayoría de los productos manufacturados, como el plástico) provocan nuestra reacción negativa. David Crow dice que nuestros cuerpos «solo saben cómo relacionarse con compuestos de base botánica, ya que son aceites que provienen de flores, maderas y otras plantas. Nuestro cerebro y sistema inmunológico no reconocen las cosas sintéticas».

Otros dicen que los sintéticos agregan estabilidad, rendimiento y dimensión a las fragancias de mujer. «La gente a menudo piensa que los sintéticos son malos y los naturales son buenos. Eso es falso», dice Paul Austin, quien trabajó como director de la división de fragancias del fabricante de perfumes Quest durante 17 años.

Lo cierto es que es una cuestión de sostenibilidad y de costes: es mucho menos caro recrear el aroma de la rosa en un laboratorio que extraer el aceite de rosa de las toneladas de pétalos cosechados necesarios para hacer el «jugo».

Veronique Ferval, directora creativa de fragancias dijo una vez que: «Para mí, no se trata de lo sintético versus lo natural. Necesitas ambos para hacer una creación». En promedio, una fragancia contiene un 80 por ciento de ingredientes sintéticos y un 20 por ciento de ingredientes naturales.

Fragancias naturales y fragancias artificiales

Cuando se le pregunta acerca de las fragancias naturales y sintéticas, el profesor Bonofiglio dice «¿Tu nariz o tu cerebro pueden notar la diferencia? Absolutamente no». Yo no opino así, creo que una nariz entrenada probablemente pueda. De hecho los químicos existen en la naturaleza. De todas formas una rosa real tiene más misterio y esencia que algo que fabricamos en un laboratorio. Al menos yo opino así.

Una vez un amigo trató de hacerme descubrir el olor. Me pidió que olfateara los palitos que metía en las diminutas botellas que llevaba. Sorprendentemente, descubrí que el jazmín sintético olía más auténtico que el jazmín real. Pero eso no es todo. Descubrí que esa no es la excepción, es la norma.

Tener una fragancia de mujer nueva para cada estación se ha convertido para mí en una necesidad. El cambio de estaciones exige un cambio en los perfumes de mujer que utilizo. Esa es la prueba de que sí, estoy enamorada de las fragancias de mujer.

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